Vacíos necesarios.
"Demasiado bueno para ser cierto", era de esperar que sentirme llena no iba a durar lo suficiente. Porque lo poco bueno que tengo, poco dura. Y sé, me doy cuenta, que a esto lo repito bastante. Por lo menos cada vez que pasa, más descubro que me falta. Lastima que es siempre algo diferente, aparte de lo que me falta siempre. O sea son dos cosas. ¿Nunca llegaré a completarme?
Fue siempre como un amor sin alas, jamás llegó a alcanzar la altura para apreciar el paisaje que lo rodeaba. Pero con él siempre se pudo pensar en voz alta. Y nunca me sentí tan libre con una amistad. Hoy no voy a hablar de mi. Vale contar una historia.
Corriendo por la inmensidad de un horizonte de otro mundo, sintiéndose lejos de todo aquello que la limitaba a una realidad. Alzó la vista y descubrió la única estrella que sobre salía entre la profundidad de aquel cielo que recorría por el alrededor de esa inmensidad. Notó entonces, que quien simbolizaba esa estrella en su mundo, era una de las personas más importantes para ella. Lo que hacia tan especial esa estrella, era que por más lejos que estuviera. Era lo único que la hacia levantar la vista para sentirse bien de vez en cuando, para que cuando al mirarla se diera cuenta y aprendiera tantas cosas, tantas. Era su guía, su mano. Jamás puso la demasiada atención a la lejanía que existía entre esa estrella y ella, porque cuando soñaba con ella, cuando la abrazaba. Todo parecía tan real. Tan de ellas dos. Como si el alrededor, hasta el mundo donde juntas estaban, se desvaneciera por completo. Y no quedara más nada, nada. Lo que envolvía y sostenía la cercanía era esa amistad, ese amor sin alas. Sabían las dos, que juntas siempre iban a ser fuertes. Que se necesitaban una a la otra. Especialmente ella, sin esa estrella, esa luz, era imposible seguir adelante. Hermoso era sentir éso, amó ese ser como nunca. Siempre existió en ellas la espontaneidad, el amor, las ganas de vivir a pleno y la confianza. Muchisima confiaza. Ella depositó todos sus secretos esa luz que brillaba en ese momento, a esa simple estrella le confió hasta lo inconfesable.
Y poco a poco, el cielo se nubló. Raro era notar la luz que todavía seguía allí. Pero estaba. Y las nubes aparecían cada vez más. El arco iris que las dos crearon estaba casi transparente, apunto de ser ausente. Ella dejó de volar, y de a poco se fue acercando al suelo. Dejó de estar sujeta a la estrella. Pero seguía estando. Comenzó a correr sin rumbo de nuevo. Y ni el arco iris ni la luz del astro aparecían. La confianza flotaba sin nadie que la guardara. Sin dentino se encontraba todo. El camino tenia encrucijadas sobre las encrucijadas. Y no se entendía nada.
Ahora todo llueve. La luz sigue estando allí, pero dormida. En su peor momento, no podía ser más inoportuno el tiempo. Llueve, la luz duerme, ella camina por el camino sin guía y ya nada tiene solución. El vacío asecha en lo que jamás llegó a ser amor. En lo que jamás floreció. La distancia acentua su presencia sin detenerse. Las cosas se ven claramente. Pero la lluvia no deja de caer. Sombras pasan por alrededor. Ella sigue corriendo.
Ojalá la estrella volviera a brillar.
"Demasiado bueno para ser cierto", era de esperar que sentirme llena no iba a durar lo suficiente. Porque lo poco bueno que tengo, poco dura. Y sé, me doy cuenta, que a esto lo repito bastante. Por lo menos cada vez que pasa, más descubro que me falta. Lastima que es siempre algo diferente, aparte de lo que me falta siempre. O sea son dos cosas. ¿Nunca llegaré a completarme?
Fue siempre como un amor sin alas, jamás llegó a alcanzar la altura para apreciar el paisaje que lo rodeaba. Pero con él siempre se pudo pensar en voz alta. Y nunca me sentí tan libre con una amistad. Hoy no voy a hablar de mi. Vale contar una historia.
Corriendo por la inmensidad de un horizonte de otro mundo, sintiéndose lejos de todo aquello que la limitaba a una realidad. Alzó la vista y descubrió la única estrella que sobre salía entre la profundidad de aquel cielo que recorría por el alrededor de esa inmensidad. Notó entonces, que quien simbolizaba esa estrella en su mundo, era una de las personas más importantes para ella. Lo que hacia tan especial esa estrella, era que por más lejos que estuviera. Era lo único que la hacia levantar la vista para sentirse bien de vez en cuando, para que cuando al mirarla se diera cuenta y aprendiera tantas cosas, tantas. Era su guía, su mano. Jamás puso la demasiada atención a la lejanía que existía entre esa estrella y ella, porque cuando soñaba con ella, cuando la abrazaba. Todo parecía tan real. Tan de ellas dos. Como si el alrededor, hasta el mundo donde juntas estaban, se desvaneciera por completo. Y no quedara más nada, nada. Lo que envolvía y sostenía la cercanía era esa amistad, ese amor sin alas. Sabían las dos, que juntas siempre iban a ser fuertes. Que se necesitaban una a la otra. Especialmente ella, sin esa estrella, esa luz, era imposible seguir adelante. Hermoso era sentir éso, amó ese ser como nunca. Siempre existió en ellas la espontaneidad, el amor, las ganas de vivir a pleno y la confianza. Muchisima confiaza. Ella depositó todos sus secretos esa luz que brillaba en ese momento, a esa simple estrella le confió hasta lo inconfesable.
Y poco a poco, el cielo se nubló. Raro era notar la luz que todavía seguía allí. Pero estaba. Y las nubes aparecían cada vez más. El arco iris que las dos crearon estaba casi transparente, apunto de ser ausente. Ella dejó de volar, y de a poco se fue acercando al suelo. Dejó de estar sujeta a la estrella. Pero seguía estando. Comenzó a correr sin rumbo de nuevo. Y ni el arco iris ni la luz del astro aparecían. La confianza flotaba sin nadie que la guardara. Sin dentino se encontraba todo. El camino tenia encrucijadas sobre las encrucijadas. Y no se entendía nada.
Ahora todo llueve. La luz sigue estando allí, pero dormida. En su peor momento, no podía ser más inoportuno el tiempo. Llueve, la luz duerme, ella camina por el camino sin guía y ya nada tiene solución. El vacío asecha en lo que jamás llegó a ser amor. En lo que jamás floreció. La distancia acentua su presencia sin detenerse. Las cosas se ven claramente. Pero la lluvia no deja de caer. Sombras pasan por alrededor. Ella sigue corriendo.
Ojalá la estrella volviera a brillar.
1 comentario:
Me gustó lo que escribiste, es tuyo no?
Igual dejame que te diga algo, la felicidad son sólo momentos, no existe la felicidad plena, disfrutá y recordá las cosas buenas que pasaron entre Uds., aunque ahora duela siempre hay una ventana y otro momentito de felicidad, hay que saber esperarlo y aprovecharlos. Por ahí flasheé cualquiera, pero es lo que me salió decir. Beso !
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