Un camino es sólo una orientación. No es único ni fijo y no es para siempre.
Frente a una encrucijada, tu elección puede ser otra.
Pocas cosas en esta vida son tan permanentes como el cielo y la tierra. Todo los demás, incluidos los seres humanos, cambia. Tu camino, también. Por eso es bueno el desapego y no aferrarse a lo conocido, a lo seguro, sino dejar que la vida fluya y se encamine hacia los cambios. En el movimiento constante está la renovación que se da en la naturaleza, en la mente y en el espíritu.
El camino va buscando su propio sentido, a veces con armonía, otras, con TROPIEZOS. Y justamente, cuando ocurre un tropiezo... ha llegado el momento de escuchar el mensaje del camino: ES NECESARIO TOMAR OTRA DIRECCIÓN.
¿Por qué tanto temor? si el camino siempre fue desconocido.
Lo que te da inseguridad es tener que abandonar un recorrido al que ya te habías acostumbrado. Pero el habito te hace perder el goce de la travesía y perder las oportunidades de transitar por otros recorridos, donde tal vez encuentres aquello que, aun sin saber, estás buscando y necesitando. Por eso, NO TEMAS, NO HUYAS, cuando sobrevenga un cambio. NO te obstines en mantener una posición que ya no es conveniente. Es necesario que seas flexible y te adaptes a las circunstancias porque, aunque al principio te cuentes entenderlo... los cambios siempre son para mejorar y evolucionar a una instancia superior.
Lentos o vertiginosos, pacíficos o violentos, deseados o no, LOS CAMBIOS SON LOS PROMOTORES DEL PROGRESO. Los que evitan que te estanques o te marchites. Los que hacen que la abundancia y afluencia de bienes pasen por tu puerta, para que tengas oportunidades.
Porque el movimiento es la máxima manifestación de la vida y de la prosperidad. Por el contrario, la quietud y la rutina significan estancamiento y ocaso. Por eso decídete a iniciar ese cambio. Ríndete al movimiento y mira con otros ojos el curso de la vida. Ella te señala el momento adecuado para actuar sin temor y atreverte a recorrer nuevos caminos.
El camino es un acto de fe.
Nace de la puja
entre lo viejo y lo nuevo.
Todo cambio responde
a fuerzas superiores.
Por eso no hay motivo
para arrepentirse
de la transformación.
(I Ching. HEXAGRAMA 49)
Nace de la puja
entre lo viejo y lo nuevo.
Todo cambio responde
a fuerzas superiores.
Por eso no hay motivo
para arrepentirse
de la transformación.
(I Ching. HEXAGRAMA 49)
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